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Rigoberto y Virginia

Enrique Yasser Pompeyo

Granjas de bots disfrazadas de medios y rumores sin fundamento han querido opacar el trabajo de quienes caminan con y para el pueblo en Coatepec.

Por ello, sin grillas ni bots, Rigoberto Amezcua Mora y Virginia García representan el rostro humano de la transformación en el Pueblo Mágico.

Su inclusión en la planilla de Nacho Luna como suplente a la alcaldía es un reflejo de su constancia, liderazgo y profundo compromiso con la transformación del municipio.

Rigo Amezcua, como lo conocen, no es nuevo en la política ni en la lucha social. Es un joven político coatepecano que ha militado tanto en el PRD como en Morena, identificado por muchos como un fiel seguidor de Andrés Manuel López Obrador.

Su convicción y principios han forjado puentes sólidos con comerciantes, líderes de colonia y distintos sectores que ven en él a un aliado comprometido con las verdaderas causas del pueblo.

Empresario con trayectoria, impulsor del comercio local y ex presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad, Rigoberto también encabezó la Contraloría Ciudadana de Coatepec.

Desde ahí unió esfuerzos con gremios como taxistas, comerciantes y vecinos organizados para promover acciones de beneficio directo, como la instalación de cámaras de vigilancia en el centro histórico.

La historia de Virginia García es la de muchas mujeres que desde el esfuerzo diario y la convicción profunda en la justicia social han sido pilares de sus comunidades.

Originaria de Mahuixtlán, donde ha vivido toda su vida junto a su esposo y sus tres hijos, Virginia representa con orgullo a una generación de mujeres trabajadoras, valientes y comprometidas con las causas del pueblo.

Emprendedora incansable, ha sacado adelante a su familia a través de su labor como comerciante de uniformes y comida, pero también ha dado un paso más allá al criar con amor y dedicación a los dos hijos de su hermana, además del propio.

Fundadora de MORENA y luchadora social desde los tiempos en que Andrés Manuel López Obrador caminaba bajo las siglas del PRD, Virginia ha sido siempre una mujer de izquierda, con vocación de servicio y una profunda fe en el poder de la comunidad.

Su participación activa en tareas de apoyo social, especialmente en la iglesia y en beneficio de las personas que más lo necesitan, le ha ganado el cariño y respeto de su gente.

La inclusión de Virginia en la planilla de Nacho Luna significa un reconocimiento merecido al trabajo de las bases, a quienes han estado desde el principio, firmes en la lucha por la transformación.

Su presencia dignifica al proyecto y representa el corazón del pueblo en esta nueva etapa para Coatepec.

Por eso no sorprende que ante un equipo sólido y con verdadera representación social, los intentos desesperados por desestabilizar aumenten.

Pero Coatepec no necesita más chisme de pasillo. Necesita líderes que resuelvan, que construyan y que representen de verdad como Nacho Luna y con él, un equipo a la altura de lo que el municipio merece.

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Veracruz: inversión, empleo y una nueva oportunidad para crecer

Enrique Yasser Pompeyo

Hay cifras que hablan por sí solas. 4 mil 270 millones de dólares en cartera activa de inversión, 35 proyectos integrados en el Portafolio para la Prosperidad Compartida y un potencial de 11 mil 485 millones de dólares, acompañado de una proyección de 241 mil nuevos empleos para las y los veracruzanos.

Más que números, son señales de que Veracruz atraviesa una etapa de oportunidades y que existe una apuesta concreta por convertir el potencial económico del estado en proyectos, infraestructura, empleos y bienestar para la población.

El dato de los 11 mil 485 millones de dólares resulta especialmente relevante. Se trata de una cartera diversificada que contempla proyectos agropecuarios, agroindustriales, manufactureros, de construcción e infraestructura, logística, transporte, comercio e inversión. Es decir, no se habla de un solo sector, sino de una estrategia que busca aprovechar las distintas fortalezas productivas de Veracruz.

Si hay una cifra que merece especial atención es la de 241 mil posibles nuevos empleos. En cualquier estado, generar oportunidades laborales significa mucho más que mejorar una estadística: representa ingresos para las familias, posibilidades de crecimiento para los jóvenes, mayor movimiento comercial y nuevas oportunidades para las micro, pequeñas y medianas empresas.

En este escenario cobra importancia la instalación del Comité Promotor de Inversiones del Estado de Veracruz, porque atraer capital es importante, pero crear las condiciones para que ese capital se concrete resulta todavía más importante.

La apuesta es establecer una mesa permanente donde participen autoridades estatales y federales, empresarios y academia, con el objetivo de destrabar necesidades, facilitar trámites, atender requerimientos y encontrar soluciones de manera conjunta.

La participación de instituciones como la Secretaría de Economía, Semarnat, Conagua, la Aduana de Veracruz, la Administración del Sistema Portuario Nacional Veracruz, el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, Nacional Financiera y Bancomext, junto con las dependencias estatales, el Ayuntamiento de Veracruz, el sector privado y las universidades, refleja precisamente esa intención: hacer equipo para que las inversiones encuentren en Veracruz condiciones para desarrollarse.

También es importante la incorporación de estímulos fiscales contemplados en el Plan México, así como esquemas de garantías para inversionistas, exportadores y mipymes. Son herramientas que pueden ayudar a que el interés empresarial se transforme en proyectos productivos y, finalmente, en empleos y oportunidades.

Hay una frase del titular de Sedecop, Ernesto Pérez Astorga, que resume el desafío: “la inversión no llega por casualidad”. Y es cierto. Detrás de cada proyecto existen decisiones empresariales, infraestructura, certeza, coordinación institucional y capacidad para responder a las necesidades del sector productivo.

Por eso, la instalación de este Comité puede convertirse en un paso importante. El verdadero éxito no estará solamente en anunciar los 35 proyectos, sino en conseguir que cada vez más de ellos pasen del papel a la realidad: que se instalen empresas, se construya infraestructura, aumenten las exportaciones, crezcan las cadenas productivas y se generen los empleos proyectados.

Veracruz tiene ubicación estratégica, puertos, territorio, recursos, talento y sectores productivos con capacidad para crecer. Ahora tiene también una cartera de inversión que pone sobre la mesa miles de millones de dólares y cientos de miles de posibles empleos.
El reto es mayúsculo, pero también lo es la oportunidad.

Si esos 4 mil 270 millones de dólares de inversión activa y los 11 mil 485 millones de dólares del portafolio logran avanzar con coordinación y certeza, Veracruz podría estar ante una de esas etapas en las que una cifra deja de ser solamente una cifra y comienza a convertirse en una transformación económica palpable.

Al final, la mejor noticia no será cuánto dinero se anuncia para Veracruz, sino cuánto de ese dinero se convierte en empresas, infraestructura, empleos y mejores oportunidades para las familias veracruzanas.

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Somos, la batalla por hacerse visible

Enrique Yasser Pompeyo

El nuevo partido político Somos enfrenta una paradoja que puede terminar siendo determinante para su futuro: busca consolidarse como una opción electoral emergente, pero todavía no tiene completamente definida la identidad con la que pretende presentarse ante los ciudadanos.

Se ha generado un escenario de tensión con el Instituto Nacional Electoral (INE) por las restricciones impuestas al nombre y al emblema que utilizará el partido.

Para sus dirigentes y representantes se trata de obstáculos que dificultan su consolidación; para la autoridad electoral, presumiblemente, de reglas que deben cumplirse para evitar confusiones y garantizar condiciones de competencia entre los partidos.

Para un partido nuevo, la identidad gráfica no es un asunto menor. El color, el nombre y el emblema son parte de la memoria electoral del ciudadano.

Cuando una organización está intentando construir reconocimiento, cambiar su imagen a poco tiempo del inicio de un proceso electoral puede representar un costo político importante.

Somos se encuentra justamente en esa etapa de construcción. Por eso su inconformidad con el INE no debe leerse únicamente como una disputa administrativa. También puede convertirse en parte de su narrativa política.

El discurso de “nos están poniendo obstáculos” puede ser utilizado por una fuerza emergente para presentarse como víctima de un sistema que, desde su perspectiva, favorece a quienes ya están consolidados.

La comparación que se con partidos como el Verde, Morena o Encuentro Solidario busca precisamente colocar el debate en ese terreno: ¿las reglas son iguales para todos o existen criterios distintos dependiendo de quién las enfrenta?

Convertir al INE en adversario puede generar simpatía entre determinados sectores, pero no necesariamente se traduce en votos.

Un partido nuevo necesita algo más que denunciar obstáculos: necesita explicar con claridad qué representa, qué propone y por qué el ciudadano debería otorgarle su confianza.

En ese sentido, resulta llamativo que Somos presuma una preferencia electoral de 7.9 por ciento.

Si la cifra mencionada es consistente con una medición metodológicamente sólida, se estaría ante un dato políticamente relevante: significaría que la organización está consiguiendo reconocimiento con una estrategia basada fundamentalmente en redes sociales y trabajo territorial.

Pero precisamente por eso la cifra debe analizarse con cautela. Una encuesta no es una elección, y el verdadero desafío de un partido emergente consiste en transformar conocimiento, simpatía o identificación coyuntural en estructuras electorales capaces de movilizar ciudadanos el día de la votación.

Ahí estará probablemente la prueba de fuego de Somos. Su discurso también intenta construir una identidad alrededor de la defensa de las instituciones.

En Somos señalan que se ha respaldado al INE, a la Suprema Corte y a los tribunales. Es una apuesta interesante porque coloca al partido en un terreno político específico: el de quienes buscan presentarse como defensores de las instituciones frente a los cambios y disputas que han marcado la vida pública del país.

Hoy, el partido reclama al INE por decisiones que considera injustas y, al mismo tiempo, reivindica a las instituciones como parte de su identidad política.

La manera en que maneje esa contradicción será reveladora. Si consigue cuestionar las decisiones de la autoridad sin descalificar a la institución, puede proyectar una imagen de partido crítico pero institucional.

Si, por el contrario, el conflicto termina dominando su discurso, corre el riesgo de que su identidad quede reducida a una sola causa: pelearse con el árbitro electoral.

El episodio del emblema, entonces, puede terminar siendo mucho más importante de lo que parece.

No sólo definirá qué verá el ciudadano en la boleta; también pondrá a prueba la capacidad de Somos para reaccionar ante una adversidad, comunicar sus decisiones y mantener cohesionada a su militancia.

Si el nuevo diseño es aprobado, el partido tendrá que acelerar la construcción de una identidad que trascienda colores y logotipos. Si vuelve a ser observado, tendrá una oportunidad adicional para reforzar su narrativa de organización que enfrenta obstáculos desde las instituciones.

Somos ya no está en la etapa de simplemente obtener un registro; ahora comienza la parte verdaderamente difícil: demostrar que puede convertirse en una fuerza electoral competitiva.

El 7.9 por ciento que presumen puede ser una señal de crecimiento, pero también una expectativa que tendrá que ser comprobada en las urnas.

El conflicto con el INE puede darle visibilidad, pero no sustituirá la necesidad de tener candidatos competitivos, estructura territorial, propuestas reconocibles y una marca electoral que el ciudadano pueda identificar fácilmente.

El verdadero examen para Somos no será únicamente qué nombre o qué color aparecerá finalmente en la boleta de 2027.

Será saber si, detrás de ese nombre y ese color, existe un partido capaz de convertir su discurso de inconformidad institucional en una alternativa electoral real.

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Bautista pone el debate político sobre la mesa

Enrique Yasser Pompeyo

En tiempos donde la política suele confundirse con el ruido, las descalificaciones y las alianzas de ocasión, resulta interesante que desde el Congreso de Veracruz surja un llamado a recuperar algo tan elemental como la congruencia.

Esteban Bautista Hernández, presidente de la Junta de Coordinación Política, puso el dedo en una de los comportamientos más visibles de la política: los acercamientos entre actores que durante años han protagonizado fuertes confrontaciones y que, llegado el momento electoral, parecen descubrir de pronto que pueden caminar juntos.

El legislador morenista no cuestionó el derecho de nadie a reunirse. Su señalamiento va más allá: la ciudadanía tiene derecho a saber qué hay detrás de esas alianzas y cuál es el proyecto que las sustenta.

“Hay que ser congruentes en la vida y, sobre todo, cuando eres servidor público”, expresó Bautista. Ahí está, quizá, el punto más importante de su mensaje.

Una democracia saludable necesita oposición, pero también necesita oposiciones serias, consistentes y con propuestas.

No basta con señalar al adversario o construir discursos basados exclusivamente en el rechazo.

La competencia política debería servir para presentar alternativas y convencer a los ciudadanos de que existe un camino diferente.

En ese sentido, las palabras del presidente de la JUCOPO tienen una lectura positiva: obligan a los partidos de oposición a mirarse hacia dentro y preguntarse qué proyecto quieren ofrecer a Veracruz.

Bautista Hernández hizo además una lectura particular del escenario que enfrentan las distintas fuerzas opositoras.

Habló de las dificultades del PRI, del perfil conservador que mantiene el PAN y de la búsqueda de liderazgo que observa en Movimiento Ciudadano.

Más allá de coincidir o no con su diagnóstico, lo relevante es que coloca sobre la mesa la interrogante: ¿qué quieren representar los partidos de oposición ante los ciudadanos?

La respuesta no puede reducirse a una suma de personajes, apellidos o intereses electorales. Si algo demanda la sociedad es claridad.

Aquí aparece otro elemento de sus declaraciones: su rechazo a las acusaciones de persecución política.

Bautista Hernández defendió la autonomía de la Fiscalía General del Estado y recordó que incluso integrantes de Morena han enfrentado procesos.

Su argumento busca marcar distancia entre las decisiones de las instituciones encargadas de procurar justicia y los intereses partidistas.

En una democracia, precisamente eso debe exigirse: que las instituciones actúen conforme a la ley y que cualquier señalamiento sea respaldado con pruebas, no únicamente con declaraciones políticas.

El mensaje de Esteban Bautista, visto desde una perspectiva más amplia, parece ser una invitación a elevar el nivel de la discusión rumbo al próximo proceso electoral.

Menos confrontación personal y más propuestas; menos alianzas construidas por conveniencia y más proyectos capaces de explicar qué quieren hacer por Veracruz.

La oposición, por supuesto, tiene todo el derecho de cuestionar al gobierno y buscar alternativas. Pero también tiene la responsabilidad de convencer. Para convencer no basta con decir “no”; hay que explicar qué sí.

Ese podría ser uno de los grandes retos del próximo proceso electoral: que la competencia no se defina únicamente por quién logra golpear más fuerte al adversario, sino por quién consigue presentar la propuesta más convincente para la ciudadanía.

En ese escenario, las palabras de Bautista Hernández tienen un mérito: abren el debate sobre la calidad de la política y la necesidad de congruencia.

Al final, serán los ciudadanos quienes tengan la última palabra. Serán ellos, desde las urnas, quienes determinen cuáles proyectos consideran auténticos y cuáles perciben como simples acuerdos de coyuntura.

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